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Las profesiones del sector agrario generan y desarrollan nuevos conocimientos sobre la realidad rural, así mismo, tratan de ser prospectivos frente a los problemas futuros que se están generando. Anticiparnos, podría ayudarnos a adaptarnos y proponer soluciones frentes a nuevos retos. En la actualidad, uno de los abordajes más sistémicos es de The Milennium Project (Proyecto Milenio), un Tink Tank global que explora las posibles soluciones a los retos globales a través de herramientas prospectivas.

Por su parte, este abordaje es retomado por el egresado de la Universidad Nacional de Colombia, Sede Medellín, el Dr. Álvaro Francisco Uribe Calad, quien hace una reflexión sobre los temas que más inciden en la complejidad del mundo actual y futuro: cambio climático, desarrollo sustentable, agua segura, situación de la mujer, población y recursos, energía, ciencia y tecnología entre otros. Ello requiere de nuevos pensamientos, nuevas habilidades, nuevas aptitudes y nuevas formas de entender la realidad. Véase como la oportunidad de elevar cambios significativos frente al futuro de una humanidad perpleja, desorientada o como diría el sociólogo contemporáneo Ulrich Beck: “estamos viviendo en una Sociedad de riesgo, en que las promesas de la modernidad vienen siempre acompañadas de un alto grado de incertidumbre”.

Son muchas las preguntas fundamentales para ampliar la capacidad de comprensión sobre las nuevas formas y dinámicas que se dan hoy en el mundo rural. Muchas son las evidencias que demuestran qué invertir en la agricultura y el desarrollo de los territorios, es una gran inversión económica, social y ambiental.

 

Cambio climático, la gran preocupación

Para Uribe Calad, estos cambios reciben la mayor atención y es el reto que mayor preocupación genera. Las situaciones que se atribuyen al cambio climático se deben más bien a procesos naturales; derretimiento de las masas glaciales, precipitaciones de mayor intensidad y duración, elevadas temperaturas y muchos fenómenos más. 

En consecuencia, las actividades agropecuarias afectan y son afectadas por el cambio climático; se habla de tala y alteración de bosques, sistemas intensivos de producción, laboreo intensivo de los suelos a través de mecanización excesiva o con instrumentos perturbadores de la capa productiva del suelo. En este orden de ideas, el tema agropecuario representa el 11% de la responsabilidad de las emisiones de gases invernadero, metano y óxido nitroso; la ganadería representa el 6,05%, los suelos agrícolas el 3,11% y el consumo de combustible el 2,8 %. 

Así mismo, la agricultura es altamente vulnerable al cambio climático, según el IFPRI
(Instituto Internacional de Investigación sobre Políticas Alimentarias) “Casi la mitad de la población económicamente activa de países en desarrollo depende de esta actividad, con las alteraciones climáticas los países en desarrollo desmejorarán la productividad y se producirán aumentos de precio para los principales cultivos en arroz y otros cereales”. 

Por su parte, la investigación y el desarrollo tecnológico debe ser pensado para permitir la adaptación y tolerancia a cambios de temperaturas, menor requerimiento de agua y de uso de fertilizantes químicos. Con lo anterior, se abre la puerta para pensar en las nuevas dinámicas rurales más allá de la producción agropecuaria y pensar en las demás actividades productivas como el turismo rural, la conservación de los recursos naturales, la asociatividad campesina y la agroindustria entre otros.

 

Agua suficiente y de calidad

Es una de las amenazas más graves y uno de los retos globales más difíciles. La disponibilidad de agua y acceso a ella son bienes públicos internacionales, se propone que sean derechos humanos. El “Proyecto Milenio” diagnóstica que “cerca de 700 millones de personas tienen menos de mil metros cúbicos por persona y por año”. El estrés hídrico (1000 - 1700 metros cúbicos por persona por año) podría afectar a la mitad de las personas en los países y en 2050 al 75% de la población global. 

Por su parte, el sector agropecuario demanda el 70% del agua dulce, en la actualidad son 250 millones de hectáreas de cultivos, y se estima que para el 2030 se requerirá el aumento en un 60% aproximadamente. Bajo este panorama, Colombia tiene un gran reto, el país cuenta con una disponibilidad de agua representada por la extensa red hídrica, pero por la heterogeneidad de las condiciones económicas se dan diferencias.

Sumado a las anteriores problemáticas, las cuencas son vulnerables por erosión, presión antrópica. Los páramos y humedales tienen valor estratégico para el suministro de agua, sin embargo, los ecosistemas colombianos están degradados por ganadería de leche, producción de papa, construcción de obras civiles, minería y traslado de especies por expansión de la frontera agrícola y ganadera. 

 

Situación de la mujer rural, un gran trabajo que no se reconoce

La Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación FAO, afirma que: “Dos terceras partes de la mano de obra femenina de los países en desarrollo está dedicada a las actividades agropecuarias”, el gran problema es que aún en muchos países, no se reconoce ni se considera el trabajo rural femenino, se vuelve invisible entre tanto se posiciona en la categoría de trabajo no remunerado. Trabajan largas horas, en condiciones arduas y sin acceso adecuado a técnicas e infraestructura apropiada como: caminos, agua, sistemas de saneamiento y fuentes de energía. En su mayoría, no reciben asistencia en salud, pensión ni acceso a créditos. Además, los servicios de extensión ofertados por entidades gubernamentales, se dirigen principalmente a los propietarios de tierras y en muchos casos, concentran la atención en los grandes agricultores, lo que pone en un escenario de vulnerable a las mujeres, porque en muchos países ni siquiera puede tener propiedades a su nombre y en otros carecen de acceso a tierras por sus limitados recursos económicos.

En la mayor parte de los países en desarrollo, la mujer participa en los cultivos y en la cría de animales, provee al hogar de alimentos, agua y combustible, además se dedica a actividades no agrícolas para diversificar los medios de vida de su familia. 

Así las cosas, las condiciones de la mujer son una amenaza y uno de los retos globales a los cuales se les debe prestar gran atención, pues solo reduciendo la brecha entre hombres y mujeres se logará el goce de las mismas condiciones y oportunidades productivas en las zonas rurales.

 

Crecimiento de la población, gran demanda de recursos

Existe una marcada relación entre el crecimiento de la población humana y la disposición de los recursos naturales, más aún, cuando las pautas de consumo y producción insostenible están agotando los recursos naturales, profundizando las brechas de inequidad social y extrema pobreza. 

Pese a la gran cantidad de nuevos avances en los últimos años, hay un hecho que es reiterativo: la población mundial está creciendo más rápidamente en aquello lugares donde menos puede afrontarse este crecimiento, en lugares donde la contaminación, la escasez de recursos y el daño ambiental retan la capacidad de los gobiernos para dar cumplimento a las necesidades básicas de alimento, vivienda, agua y muchas otras. Además, este fenómeno favorece el aumento de las emisiones de carbono, causa deforestación, agotamiento de los recursos hídricos, contaminación del aire, pérdida de biodiversidad y degradación de las tierras agrícolas.

 

La ciencia y la tecnología como beneficio público

Si el mundo quiere un sistema de producción sostenible, es indispensable prestar atención a la ciencia y la tecnología como un beneficio o un bien público y no como un privilegio al que pocos pueden acceder. El desarrollo de nuevos conocimientos implica la incorporación de las nuevas tecnologías amigables y puestas al servicio de todos.

Es necesario invertir, por ejemplo, en nuevos conocimientos sobre el potencial de la biodiversidad, la oferta de producto con alto valor agregado y la reutilización y disposición de los desechos derivados de procesos agroindustriales. La ciencia y la tecnología son elementos clave para el futuro y el desarrollo de las zonas rurales.

La investigación, la ciencia y el desarrollo que propone la academia por ejemplo, son fundamentales para la competitividad, por lo que resulta necesario desplegar un mayor esfuerzo conjunto público-privado, que permita integrar los intereses de los investigadores con los de los productores, en asuntos como la reducción de pérdidas, la agroindustria, la comercialización y la incorporación de tecnología que facilite la producción y mejore la calidad de vida del productor y sus familia.

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